Antes que
nada, quiero dejar clara mi desaprobación al consumo de cualquier droga. En la
actualidad, ni fumo, ni bebo, no tomo ninguna droga, ni blanda y mucho menos
dura. Dicho esto diré, que soy de la opinión que si se es adulto, nadie debería
decirte si tienes derecho o no consumir una droga. Otra cosa seria que se puede
hacer o no, bajo los efectos de una.
Pero permítanme que empiece primero detallando las sustancias duras
que podemos encontrar en cualquier barrio, calle, discoteca, bar o puerta del
colegio etc.: alcohol,tabaco,heroína,cocaína, hachís anfetamina, éxtasis, marihuana y una inacabable lista de pastillas de diseño de diferentes efectos y colores.
Como se podrá comprobar en la lista hay dos que son legales y desde siempre me
he preguntado, ¿Por qué?, qué diferencia hay en drogarte con alcohol o
hacerlo con cocaína o con otra sustancia dura,… pues ninguna, porque las
dos producen a largo o corto plazo según la persona y como asimile su organismo
la sustancia, daños irreparables. El alcohol desde que tengo uso de razón lo he
visto una trampa venenosa para la juventud. En mi época continuas campañas
de publicidad te bombardeaban constantemente y donde se decía entre
otras muchas aberraciones, que beber era cosa de hombres. Un mensaje ideal para
los jóvenes inmaduros que bebían y fumaban como cualquier artista de la
pantalla. Frases como: Cariño te pongo una copa o
beber brandy Soberano es cosa de hombres entre otras alusiones continuas y
gratuitas que incitaban a beber y fumar.
Quisiera contarles, que cuando empecé a salir con chicas, de eso hace 40
años conocí varios casos que me impactaron e hicieron que tomara muy en serio,
lo de beber a menudo. Pero solo les contaré el que más me impactó e hizo mella
en mí. En una conocida discoteca, murió un chico de un coma etílico,
tenía 18 años y al que repetidas veces tuve que llamar la atención porque era
de mal beber y si se sentaba en tu mesa, se terminaba la paz, con sus delirios
y cuentos incoherentes. Aquella tarde noche, llore por él, como si fuera
mi amigo, estaba allí junto a mis pies, hecho un ovillo frente a la barra
del bar, su boca estaba torcida y rígida y sus ojos abiertos de par en par,
inamovibles, hablándote del terror y de la sorpresa que había tenido. Fue un
episodio terrible. Cuando llegaron los de la ambulancia, no pudieron hacer otra
cosa que taparlo con una sábana. El camarero, que lo recuerdo como si hubiera
sido ayer, no paro de repetir una y otra vez, ha caído fulminado, ha caído
fulminado, Dios mío tan joven.
Pero permítanme que empiece primero detallando las sustancias duras que podemos encontrar en cualquier barrio, calle, discoteca, bar o puerta del colegio etc.: alcohol,tabaco,heroína,cocaína, hachís anfetamina, éxtasis, marihuana y una inacabable lista de pastillas de diseño de diferentes efectos y colores.
Como se podrá comprobar en la lista hay dos que son legales y desde siempre me he preguntado, ¿Por qué?, qué diferencia hay en drogarte con alcohol o hacerlo con cocaína o con otra sustancia dura,… pues ninguna, porque las dos producen a largo o corto plazo según la persona y como asimile su organismo la sustancia, daños irreparables. El alcohol desde que tengo uso de razón lo he visto una trampa venenosa para la juventud. En mi época continuas campañas de publicidad te bombardeaban constantemente y donde se decía entre otras muchas aberraciones, que beber era cosa de hombres. Un mensaje ideal para los jóvenes inmaduros que bebían y fumaban como cualquier artista de la pantalla. Frases como: Cariño te pongo una copa o beber brandy Soberano es cosa de hombres entre otras alusiones continuas y gratuitas que incitaban a beber y fumar.
Quisiera contarles, que cuando empecé a salir con chicas, de eso hace 40 años conocí varios casos que me impactaron e hicieron que tomara muy en serio, lo de beber a menudo. Pero solo les contaré el que más me impactó e hizo mella en mí. En una conocida discoteca, murió un chico de un coma etílico, tenía 18 años y al que repetidas veces tuve que llamar la atención porque era de mal beber y si se sentaba en tu mesa, se terminaba la paz, con sus delirios y cuentos incoherentes. Aquella tarde noche, llore por él, como si fuera mi amigo, estaba allí junto a mis pies, hecho un ovillo frente a la barra del bar, su boca estaba torcida y rígida y sus ojos abiertos de par en par, inamovibles, hablándote del terror y de la sorpresa que había tenido. Fue un episodio terrible. Cuando llegaron los de la ambulancia, no pudieron hacer otra cosa que taparlo con una sábana. El camarero, que lo recuerdo como si hubiera sido ayer, no paro de repetir una y otra vez, ha caído fulminado, ha caído fulminado, Dios mío tan joven.



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